La mochila

Todos llevamos una mochila a cuestas. Llevamos cosas livianas y cosas pesadas. 

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Aunque parezca mentira, lo primero y más importante es darse cuenta de que la llevas a tu espalda y que pesa. Que existe. Un segundo paso es mirar lo que hay dentro y remover, incluso, para ver lo que hay al fondo. Hay veces que estas dos cosas lleva más tiempo del que podéis imaginar. 

Yo sabía que mi mochila estaba hasta arriba, pero no sentía la necesidad ni de ver lo que había dentro ni de empezar a quitar peso. 

La espalda dolía, me sentía cansada... pero siempre me decía a mi misma: “tú puedes con esto y con más”. 

Y en vez de mirar y hacer hueco, la llenaba más todavía. No sé si para ponerme a prueba, por cabezonería o para demostrarme a mí misma algo. Pero así seguí, llenando y llenando.

Llevo años metiendo en la mochila mis cosas y las de los demás. Buscando y rebuscando (que la mochila es enorme), empiezas a ver cosas que ya no tienen sentido que estén ahí. Cosas que incluso no te pertenecen. Esas que metemos por error.     

Así que voy a empezar a llenar la mochila de las cosas que importan y sacar aquellas que no. Cada uno debería llevar las suyas y no debemos cargar con las de los demás. Es más, deberíamos ser conscientes de que tampoco debemos meter cosas en las mochilas de los demás. Porque llevar cosas que no debes, tiene muchas consecuencias negativas en tu vida y en la vida de los que te rodean.